I LOVE BICIS
Arróllalos a todos
POR PABLO LEON
MADRID, ESPAÑA.- En Ciudad de México, una capital con más de dos millones de coches, algunas personas se atreven a ir en bicicleta. Solo algunos de los 18 millones de habitantes de la urbe lo hacen a pedales esquivando gases, agresividad y rechazo. Ahora además tienen que lidiar con una orden de caza. "Si ven esta nueva plaga, láncenles el automóvil de inmediato. No les den oportunidad de nada; aplástenlos para ver si así entienden". Estas fueron las palabras de Ángel Verdugo, un periodista mexicano que no acepta las bicicletas en la ciudad por el riesgo que supone su uso. Del mismo modo rechaza el sistema público de alquiler que el ayuntamiento de la capital ha puesto en marcha. Como le aterra, su solución pasa por hacer desaparecer a los pedaleantes.
En las sociedades con escasa cultura ciclista, el odio a las bicis es una reacción típica. En Sevilla cuando lanzaron su plan ciclista, que cambió la ciudad en cuatro años, el periodista Antonio Burgos desde una columna del periódico ABC no paró de criticar cada una de las medidas que se aplicaban ya fuera una peatonalización o un nuevo carril. Sus argumentos, nunca contrastados con estudios o informes, iban salpicados de mofa e insulto. Verdugo, su colega mexicano, ha ido un paso más allá: ha implicado a los ciudadanos y les ha pedido que asesinen a los pedaleantes.
"Qué se creen, europeos pedaleando por las carreteras del DF", reprendía Verdugo a los ciclistas. ¿Qué tipo de justificación, técnica, intelectual o filosófica, es comparar despectivamente a los ciclistas del DF con los europeos? ¿Lo dice porque es malo ser europeo o, al contrario, resulta ser una aspiración? ¿Qué modelo urbano funciona mejor el coche dependiente o el que fomenta el uso de la bici? No importa la manera de interpretar sus palabras; todas dejan en evidencia al personaje que las dijo. En ningún caso explica o apoya sus teorías con datos o informaciones. No puede; por eso, como muchos críticos con las bicicletas, incita con sus palabra a la provocación homicida.
Verdugo se ha disculpado por sus declaraciones que ha calificado de "fina ironía". Entre los exabruptos y la disculpa, sus palabras (gracias a las redes sociales, el boca a boca del siglo XXI), habían circulado por toda Ciudad de México, llegado a ser trending topic en el país norteamericano y cruzado el Atlántico. El choque entre los diferentes usuarios de las vias urbanas ocurre. Sobre todo en ciudades que han sido diseñadas para coches y peatones y que, de repente, se encuentran con un nuevo elemento con el que tienen que compartir espacio. La aversión pasional nada arraigada en una reflexión y análisis de la nueva situación es lo más normal. Reacción de señorona se podría denominar al efecto. Esa es la imagen que sugiere un periodista mexicano que en pleno siglo XXI insulta a sus compatriotas ciclistas con el término europeo sin pensar en contaminación del aire, calidad de vida, o la habitabilidad (valores en los que las capitales del norte de Europa destacan indiscutiblemente).
Ciudad de México está saturada de coches. Su aire lleva más de 20 años lleno de partículas, ozono o monóxido de carbono. Según diversos estudios, los habitantes de la urbe viven entre dos y siete meses menos por esta causa de manera que reducir los coches es una necesidad. Aplicar un plan ciclista en un lugar dominado por los motores y aderezado por las opiniones de extremitas conductores es complicado. Pero esas reacciones son normales: mucha gente prefiere hablar sin fundamento que reflexionar sobre la posibilidad de realizar un cambio en el modelo urbano.
A todos ellos, como le dije a un periodista de El Universal cuando me entrevistó, les invito a que cojan una bici y que, desde el sillín, piensen antes de ponerse a gritar opiniones ridículas desde el asiento del coductor.
Un abrazo a todos los mexicanos que pedalean.




