David Faitelson
Para reír y para llorar

LOS ANGELES, CALIFORNIA.- Los actores del fútbol mexicano: empezando por Cuauhtémoc y sus "caricias" para Néstor de la Torre y siguiendo con Mario Carrillo y su traición para con Javier Aguirre. ¡Qué decepción!
¿Será risa o será miedo? El fútbol mexicano le puede arrancar una carcajada o de plano ponerlo en un terrible cuadro de decepción.
La primera frase es exquisita, suprema, insuperable: "Nadie quiere a Néstor de la Torre".
El autor... ¿Quién más? Sí, era de esperarse: el cantinflesco Cuauhtémoc Blanco.
La segunda frase es tan espectacular, tan increíble, tan profunda como traicionera y artera: "Javier Aguirre no es mi amigo".
El autor... Sí, el auxiliar de Aguirre en el Mundial, Mario Carrillo.
Vamos por partes...
Bomba tras bomba, metralla a metralla, bala con bala, la "vieja guardia" del fútbol mexicano sigue reclamando fuera de la cancha lo que nunca pudieron ganar y demostrar dentro de ella. Las "vacas sagradas" están molestas: declaran, firman cartas, amenazan y advierten. Los jugadores, nuestros sagrados jugadores, esos que protagonizaron finales de Mundiales, esos que entregaron grandes resultados, jornadas heroicas, esos jugadores están reclamando su legítimo derecho de vivir en la anarquía y en la indisciplina. ¡Qué vergüenza!
¿De qué o mejor dicho cómo se atreve Cuauhtémoc a hablar? Cómo se atreve si él siempre fue el primero en violar los códigos de conducta en una selección y si desde antes del Mundial, él y otros jugadores tenían problemas con la designación de De la Torre, por qué no lo dijo en su momento, por qué se lo guardo, por qué se lo guardo.
Cuauhtémoc y los jugadores deben entender que aquí no se trata de "querer o no querer". El puesto de Néstor de la Torre no es un puesto de elección popular. Tampoco le pagan su sueldo con los impuestos de los mexicanos. El señor De La Torre fue puesto en la Comisión de Selecciones de acuerdo a sus condiciones y atributos y nada más. Ahora bien, si Blanco, el "gran" Cuauhtémoc habla de ser querido, yo le puedo decir con seguridad que más de la mitad de futbolistas en México lo aborrecen y sin embargo, más de esa mitad reconocen su innegable capacidad para jugar al fútbol. Aquí no se trata de "ser querido". Se trata de cada quién haga su trabajo.
Las aguas siguen turbias en torno al fútbol mexicano, pero lo que no se puede permitir es que un grupo de jugadores -perdón por el termino que voy a utilizar- que un grupo de jugadores "secuestre" a la selección mexicana de fútbol. Por favor, los jugadores van y vienen. Néstor de la Torre puede estar y no estar. Lo que debe permanecer es el orden, la estructura, el respeto por la institución y el amor para jugar por México.
Y lo de Carrillo no tiene razón de ser. El hombre ha roto los códigos de moral y de ética, me imagino, en su empeño por tratar de tener una oportunidad de regresar como entrenador de la selección mexicana.
Carrillo ha demostrado que conoce la cancha y sus secretos, trabaja bien, sabe lo que hace, pero no vale la pena tenerlo cerca porque es capaz de traicionar a quién los ayuda y a quién le da oportunidades.
Haya lo que haya pasado en el interior del cuerpo técnico de la selección, ese tema tendría que permanecer ahí, encerrado, cautivo, esperando que el tiempo sane las heridas. Carrillo tenía que mostrarle hasta el más mínimo detalle de fidelidad a Aguirre, un hombre que confío en el, un hombre al que llevó a Europa, al que condujo hasta la selección, al que bendijo con un Mundial.
El fútbol mexicano es de risa, pero también es serio y decepcionante. Ni Cuauhtémoc ni Carrillo. No vale la pena escuchar lo que dicen. Los dos me dan lástima.




