Pedro Ferriz de Con

Por Excelsior » hace 2 años

El Coloso

Es importante superar esta zona de dolor por la que transitamos.

Cuando vi aquel Coloso levantarse en medio de la Plaza de la Constitución la noche del 15 de Septiembre, creí ver a México despertar después de un letargo dormido. Adquiría conciencia de que había llegado la hora de ponerse de pie. Erguirse en su real tamaño y proporción. Dicen que el tiempo lo cura todo. Pero el tiempo por sí solo, no hace nada. Lo que ayuda es lo que tú haces con el tiempo. En este caso, lo que todos los mexicanos podemos hacer, luego de reflexionar que llevamos 200 años intentando ser una Gran Nación sin conseguirlo.

Me pregunto si hay un método para revertir nuestra situación. Por lo que, mientras sentía el espectáculo ¡hondamente estimulado! Pensé... y mi mente voló en la búsqueda de conceptos a compartir con el resto de mis hermanos mexicanos.

¿Estamos conscientes de lo que son 200 años, para aceptar la pérdida de nuestros objetivos? ¿Podemos ser capaces de reconocer que en todo ese tiempo nunca pudimos levantar al Coloso?

¿Sentimos dolor por lo que supone esa pérdida de 200 años de intentos fallidos?... Y si el dolor existe. ¿Seremos capaces de darle un sentido positivo a la experiencia, para frenar el proceso de deterioro y a partir de aquí... emprender el camino de nuestra sanación?

¿Somos aptos para aprender a vivir un nuevo sentido de grandeza de nación? ¿De hacer las cosas bien... y a la primera? ¿De ser sensatos para entender que en ocasiones nuestro sentimiento es obtuso y egoísta?

¿Estoy consciente de que mis antepasados y yo, hemos sido -más bien- parte del problema que de la solución?

Y ya que estamos en éstas. ¿Podemos recuperar el interés de aprovechar el tiempo por la vida?... ¿por una buena vida?

Es importante superar esta zona de dolor por la que transitamos. El dolor no es un sentimiento que debemos cargar eternamente a cuestas. ¡Claro que estamos viviendo una zona difícil de nuestra historia! Violenta, convulsionada, insensible al horror, desunida. Que tiende a deprimir nuestro espíritu. Un tiempo que cuestiona si hemos perdido el rumbo... Pero cuando vi a ese coloso levantarse en medio de la Plaza... mi corazón se levantó con él. Y estoy seguro que muchos mexicanos sintieron lo mismo. Lo único que falta es decirlo. Es GRITARLO. Todos podemos. Todos debemos asumir la misma actitud. Levantarnos. ¡Qué hermoso concepto! Pasar de la nada horizontal. A adoptar el todo vertical.

Si queremos sanar el duelo de un México mediocre, no basta con esperar que las cosas pasen. O seguir viviendo como si nada hubiera sucedido. Es básico que aprendamos de las duras lecciones que nos ha dejado la historia, para entender la pérdida de nuestros originales objetivos.

Perdimos la mitad de nuestro territorio en el proceso. Perdimos unidad... o tal vez nunca la encontramos. Perdimos calidad de vida. Sensibilidad para compadecer las penas de nuestro prójimo. Interés por ser mejores. Por educar y educarnos.

Sentimos que había dos tipos de seres conviviendo en el mismo suelo. Unos mexicanos para servir... otros para servirse de ellos. Perdimos compasión por nuestra tierra. La quemamos, talamos, contaminamos, sobreexplotamos. La exterminamos. ¡Y no pasa nada! Hasta que un día nos llegue a pasar todo a la vez.

Pero lo cierto es que no hay atajos para el dolor. Necesitamos aprender de las duras lecciones de la pérdida. Capitalizar el sufrimiento de doscientos años... y sobre todas las cosas, sacar la casta. Entendernos invencibles a la adversidad. Triunfadores en nuestra aparente derrota. Sanos en la enfermedad. Sabios en la confusión. Impávidos en el remolino.

Faltan por venir, momentos duros y emociones intensas. Estaremos todavía más vulnerables. No obstante todo, sé amable con México. Respeta su propio ritmo, pero no aceptes nada que no sea para mejorar. Todos los días dar pasos que no nos aparten de la meta de una Gran Nación. De ser un pueblo erguido y orgulloso. Imponente, tosco, rudo, imperturbable... Como el Coloso que vi levantarse entre nosotros, la noche del 15 de Septiembre. Una noche inolvidable, que movió en mí, el orgullo de ser lo que soy. Nunca había oído gritar al mismo tiempo a tanta gente emocionada. ¡QUE VIVA MÉXICO!